IMÁGENES SÉPTIMA ENTRADA DE TOROS Y CABALLOS DE SEGORBE
DURACIÓN: 56 segundos
CABALLISTAS:
José Antonio Fernández, Alfonso Alandí, J. Ramón Alandí, Ramón Ardít Picó,
Esther Puchol, Fernando Zarzoso, Carlos Guillén, Roberto Fernández, Sergio
Carot, Luis Aparicio y Andrés Berbís. José Antonio Fernández,
Alfonso Alandí, J. Ramón Alandí, Ramón Ardít Picó, Esther Puchol, Fernando
Zarzoso, Carlos Guillén, Roberto Fernández, Sergio Carot, Luis Aparicio y
Andrés Berbís.
GANADERÍA:
Germán Vidal.
Se abre el cielo para mandar a Segorbe una tromba de
agua que durará casi media hora. Chubasqueros, paraguas, soportales llenos
hasta la bandera. Una calle semivacía y un rio de arena y fango. Comienza a
preocupar la situación. Quedan 20 minutos para la última Entrada de Toros y
Caballos de 2018 y la amenaza de suspensión se cierne sobre la capital del Alto
Palancia.
Hay demasiados peligros. Si la lluvia sigue
arrastrando arena va a aparecer el asfalto y si aparece el asfalto resbalarán
astados y corceles y en lugar de un espectáculo esto va a ser una carnicería.
Es más, en la calle Colón debería haber más de 10.000 personas formando una
barrera humana que ahora apenas existe y eso significa mayor libertad para el
ganado.
Sigue lloviendo y quedan cinco minutos para las dos,
la hora a la que debe comenzar el encierro. Pero llega la orden. Después de que
los jinetes hayan tanteado el terreno y la respuesta de sus caballos corriendo
a toda velocidad arriba y abajo (algo imposible de hacer cualquier otro día),
se ha dado el visto bueno para que esto comience ya, sin esperar a que la
campana de la catedral suene dos veces.
El alcalde, Rafael Magdalena, paraguas en mano, se
acerca a la puerta de los corrales y comunica que hay que darse prisa. Que se
abra el portón. Que comience el espectáculo. Crucen los dedos, no miren si no
quieren.
Tanta prisa hay, que sale escopeteada la familia de
Germán Vidal. Que acabe cuanto antes este mal trago, por favor. Se masca el
peligro porque cualquier resbalón será fatal. Para complicarlo todo aún más,
uno de los toros pone el turbo y a punto esta de llevarse por delante a uno de
los caballos.
La tropa esta desorientada pero se coloca bien. El
astado correo como asustado, derrapándole las pezuñas mientras el caballo que lo
acompaña no puede ni hacerle sombra. Prácticamente va solo, como ese vecino
desvelado que decide pasear por la calle a las cuatro de la mañana. A él, al
menos, no le dan ningún bastonazo en la espalda para que no se desvíe del
camino.
Surte efecto la medida, porque el morlaco avanza
firme sin causar daños. El jinete respira tranquilo. Por detrás, a bastantes
metros, a una velocidad ya más normal, viene el resto de la manada,
desordenada, eso sí. Van pasando toros y caballos a cuentagotas pero todo está
controlado a pesar del incesante y molestísimo chaparrón.
Llora Esther Puchol. La tensión le puede cuando todo
ha acabado. Sólo esta caballista y sus compañeros saben lo duro que ha sido
lidiar con estas condiciones. Una gota de lluvia en una mejilla, una lágrima en
la otra y, de fondo, atronador, el aplauso más merecido de la semana.
Fuente: El Mundo "Castellón al Día". Javier Arnau.







